Tercera Parte



III.


En un sueño por demás extraño el principito recordó aquel campo de flores en el planeta tierra y como todas ellas se parecían o en realidad eran idénticas a la que tenía el en su pequeño planeta, se vio de nuevo diciéndoles: —No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.

-He aquí mi secreto-, le decía el zorro de nuevo: -sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.

Al despertar el principito lo primero que vio fue la luz del sol asomarse sobre su pequeño planeta, se tallo sus ojos lentamente, recordando poco a poco su extraño sueño. De pronto no muy lejos de donde se encontraba, pudo distinguir una forma que le parecía tan familiar. El principito incrédulo corrió rápidamente hacia la nueva hierba que brotaba, apenas un pequeño tallo que lentamente se desenrollaba en dirección al sol. Rápidamente fue por un poco de agua y la esparció donde se encontraba el pequeño tallo, limpio la tierra de alrededor y la cuido de que ningún insecto se acercara a ella.

El principito monto guardia junto a la pequeña planta que brotaba, acomodo su silla y se paso varios amaneceres y atardeceres junto a la pequeña planta todavía en crecimiento. La regó dulcemente, la protegió del frió  de los insectos, la acaricio y le dio todo lo necesario para que creciera, pero la flor con sus cuatro pequeñas espinas, dos hojas y un botón que no terminaba de prender seguía dormida indefinidamente.

Hasta que en un amanecer, como en aquel amanecer en  que la vio por primera vez, una bella flor broto.

El principito no recordaba lo bella que era y el encanto que sintió la primera vez que la vio.

Hola, -dijo la flor abriendo todos los pétalos al mismo tiempo para él- te extrañe.

El principito con una felicidad inmensa le pregunto – ¿Dónde estuviste todo este tiempo?

La bella flor sintiéndose un poco molesta porque el principito no le dijo que la extrañaba de la misma forma le respondió – Eh estado aquí todo el tiempo, Jamás me fui, me volví semilla.

 ¡Oh! –respondió asombrado el principito. Pensé que te habías ido.
-          Así fue, si no hubieras llorado encima de mí aquella vez no hubiera podido germinar.

El principito aun más sorprendido le respondió:

-Fue la tristeza la que me hizo extrañarte y llorar por tu ausencia, una estrella fugaz me dijo que diera lo mejor de mí cada día, y no dejara que la tristeza me gane, por eso me puse a arar la tierra, y eso también hizo que germinaras.

La flor dulcemente le contesto: 
          - tu amor por mi es verdadero, ya que aunque nunca supiste que estaba aquí siempre te            comportaste como que si lo estuviera.

-     Los sentimientos permanecen aun en la ausencia –dijo el principito recordando una vez mas lo que le dijo la estrella fugaz.

Ahora entiendo, ¡El amor verdadero es indestructible¡ aun cuando no estabas aquí yo te tenia aquí –dijo el principito tocándose el pecho con su mano- siempre lo estuviste: -sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.

-          ¡El amor floreció nuevamente, soy tan feliz!

Aquel día el planeta del principito se ilumino de una forma especial, un dulce aroma inundo de nuevo el pequeño asteroide  B-612 en una lejana galaxia, por las noches parpadea recordándonos que el amor es el sentimiento más fuerte del universo.

Cada vez que veas una estrella fugaz no olvides pedirle un deseo, recuerda que el deseo más poderoso es la voluntad, la esperanza y la fe de alcanzarlo.


-FIN-