Primera Parte


I.

Una vez que el principito partió de la tierra tardo mil años en llegar al asteroide B-612, en su viaje de regreso pensó en todas las personas que conoció a lo largo de su travesía, recordó con cariño al piloto que le dibujo el cordero perfecto dentro de una caja donde pudiera estar sin lastimar a su flor, también recordó a su amigo el zorro con el cual formo un vinculo especial, así como aquel campo lleno de flores, enseguida anhelo por sobre todos los amaneceres que existen el poder estar de nuevo junto a su flor.
Una vez en su asteroide lo primero que vio fueron sus dos pequeños volcanes tal como los había dejado el día en que partió, enseguida y no muy lejos reconoció su pequeña silla que usaba para admirar los amaneceres, recorrió el pequeño planeta entero en busca de su flor pero no encontró rastro de ella, en seguida el principito se sintió devastado, imaginó que en su ausencia la flor se había cansado de esperar y se fue, (no imaginaba cómo pero el hecho es que no estaba) tal vez a otro planea mas grande, mas cálido y con un principito que no la abandonara de vez en cuando.

El principito tomo su silla y la acomodo de tal forma que pudiera ver sin cesar todos los amaneceres y atardeceres uno tras otro sin tener que moverse, no lo logro, pensó que no se podía tener siempre lo que uno desea.

Así pasaron muchos años, (recordemos que en el pequeño planeta del principito un día dura solo unos pocos minutos)  el efecto de tantos amaneceres y atardeceres juntos habían hecho que el principito se olvidara por completo del tiempo, en todo ese devenir el principito realizo para si mismo muchas preguntas:

-          ¿Por qué se habrá ido?, ¿lo que yo sentía por ella no era lo suficientemente fuerte para haber esperado por mi?, ¿Dónde estará ahora?, Ahora que no está ¿a quién cuidare? Yo le ofrecía mis cuidados y de ella recibía su belleza, me gustaba tanto admirarla, todavía recuerdo a su aroma. No debí alejarme de ella.

El principito se preocupo; - es tan frágil y delicada ¿Quién cuidara de ella?.

Mientras tanto a lo lejos un resplandor hizo que el principito se olvidara de sus preguntas, poco a poco observo una luz que se acercaba.

-          ¿Qué es eso?

El extraño objeto iba acercándose cada vez más en dirección a su planeta lo que hizo que el principito usando su mano como visera para ocultar el sol pudo observar aunque no adivinar de que se trataba ese objeto.

-          ¡Oye, tú!  ¿Quién eres?, pregunto el principito cuando el objeto se acerco un poco más.

No obtuvo respuesta. El objeto brillante paso a gran velocidad justo encima de su cabeza, dejando una estela de luz en forma de arcoiris dorado, el principito giro su cabeza siguiendo el objeto en la dirección contraria por donde había venido.

-          Qué cosa tan rara, nunca había visto algo así.

Enseguida el principito vio como su sombra desaparecía poco a poco en el suelo de su planeta y como todo lo demás se iluminaba con la misma intensidad, al girar la vista de nuevo observo una de las cosas más maravillosas que jamás había visto.

-          ¡Wow!, alcanzo a decir el principito.

Miles de objetos luminosos como el anterior se dirigían en la misma dirección, dejando tras de si una estela luminosa.

El principito no perdió el tiempo y al igual que con el objeto anterior se dispuso a interrogar aquellas cosas luminosas.

-          ¡Hey, ustedes¡ ¿Quiénes son?, ¿A dónde van tan deprisa?

El principito de nueva cuenta no obtuvo respuesta, aun así no se dio por vencido y gritando un poco más fuerte dijo:
-          ¡Solo quiero saber quiénes son!

Poco a poco vio alejarse de nuevo en la misma dirección que la anterior aquellos objetos brillantes, el principito que nunca había renunciado a una pregunta una vez que la realizaba se sintió un poco triste pero muy sorprendido de aquellos objetos luminosos que se alejaban dejando tras de sí algo que le recordó el brillo del sol sobre la arena del desierto.

De pronto, como una pequeña gota cayendo en un gran pozo de agua, escucho una vocecita detrás de él.

-          Hola.

El principito sorprendido giro rápidamente para observar de donde provenía esa vocecita, pero no vio nada.

-          Psst, psst, ¡Aquí abajo!

El principito bajo la mirada y vio algo realmente pequeño aunque muy resplandeciente que le hacia una especie de saludo.

-          Hola, -dijo el principito visiblemente sorprendido- ¿Quién eres?

El objeto brillante dudo un momento y respondió:

-          No lo sé, nos llaman estrellas fugaces, y tu ¿Quién eres?
-          Estrella fugaz, -repitió el principito fascinado.
-          Yo soy el principito, y este es mi planeta, ¡Bienvenido!
-          Muchas gracias, -respondió la estrella fugaz-  te vi cuando estabas gritando, pensé en bajar a saludar.

El principito como era su costumbre no tardo en llenar de preguntas a su nuevo visitante.

-          ¿Pero qué hacían moviéndose tan rápido? ¿Y por que brillan tanto?
-          No lo sé, supongo que porque somos estrellas fugaces, eso es lo que hacen las estrellas fugaces.
-          Oh, ya veo –dijo el principito.
-          Y ya sabes lo que dicen de las estrellas fugaces –dijo su nuevo amigo.
-          No, no lo sé, ¿Qué es lo que dicen de las estrellas fugaces?

La estrella fugaz incrédula y sorprendida de la ignorancia del principito le respondió:

-          Tú sabes, sobre los deseos.
-          No lo sé, dime –dijo el principito.
-          Si vez una estrella fugaz tienes la oportunidad de pedir un deseo.
-          Oh. –respondió el principito dibujando una gran O en sus labios sumamente sorprendido.
-          ¿Quién dice eso?
-          Todo mundo lo sabe –dijo la estrella fugaz- ¿tienes algún deseo que pedir?

El principito pensó un poco y enseguida respondió:

-          ¡Sí!, si tengo un deseo, quiero que me ayudes a encontrar a mi flor, -dijo el principito de pronto en forma alegre y entusiasta.
-          ¿Qué tipo de flor es?
-          ¡La más hermosa de todas! –dijo el principito sin vacilar.
-          Mmmhmm, ya entiendo –dijo la estrella fugaz-, pero creo que no puedo ayudarte.
-          ¿Por qué? – pregunto el principito.
-          Todo mundo nos pide siempre el mismo deseo – dijo la estrella fugaz- buscan a su alma gemela, a su otra mitad, o en tu caso particular a su flor.
-          ¿Pero por qué no me puedes ayudar? ¡Dijiste que podía pedir un deseo y es eso lo que quiero! – dijo el principito exaltado.
-          Lo siento, -dijo la estrella un poco avergonzada- pero puedo darte un consejo que te ayudara a encontrarla.
-          Dime –respondió el principito emocionado.
-          Escucha atentamente: Da lo mejor de ti cada día, no permitas que la tristeza te venza. Recuerda que los sentimientos permanecen aun en la ausencia, el amor verdadero es indestructible.
-          ¡El amor verdadero es indestructible! –dijo para sí mismo el principito, quedando más que satisfecho con el consejo de la estrella fugaz.
-          No lo dudes ni un instante. – acto seguido la estrella fugaz tomo impulso y se elevo sobre el planeta de el principito preparándose para continuar el camino no sin antes decirle al principito una última cosa:
-          Cuando la extrañes recuerda en lo que la hace diferente de las demás, adiós pequeño gran amigo, me dio gusto platicar contigo.
-          Adiós –dijo el principito abriendo aun mas los ojos viendo como poco a poco su nuevo amigo se desvanecía en el espacio infinito.